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El reloj

Desde hace miles de años el hombre ha tenido la necesidad de medir el tiempo. Para hacerlo se fijó en primer lugar en el sol. Con la ayuda de palos, columnas u obeliscos observaron que al incidir los rayos del astro sobre ellos, se proyectaba una sombra que variaba su longitud, intersentando con marcas o curvas marcadas en el suelo.

La sombra más corta era la del mediodía. Se tiene noticias de los relojes de sol desde hace 3500 años.Los relojes de arena aparecieron cuando el hombre consiguió fabricar dos botellas de cristal perfectamente iguales. También existieron instrumentos astronómicos como los astrolabios y los nocturlabios que tomaban como referencia el sol o de las estrellas.

Hoy día no podemos imaginarnos la vida sin un reloj que nos indique el paso del tiempo. Pero la difusión de éste instrumento, que conoció un gran desarrollo tecnológico en los siglos XVII y XVIII, no tomó carta de naturaleza hasta el siglo XIX. La transición de los relojes solares a los mecánicos tuvo lugar hacia el año 1000. Algunos historiadores lo fijan en el 1086, cuando se construyó en China el reloj astronómico de Su-Sung, dotado de un mecanismo que obtenía la energía de funcionamiento del agua contenida en unos depósitos, que al vaciarse, accionaban las ruedas del mecanismo.

Se cree que los grandes relojes de pesas y ruedas fueron inventados en Occidente por el monje benedictino Gerberto (Papa, con el nombre de Silvestre II, hacia finales del siglo X) aunque ya con alguna anterioridad se conocían en el Imperio bizantino.

Según otras fuentes, el primer reloj de que habla la historia construido sobre principios de mecánica es el de Richard Wasigford, abad de San Albano, en Inglaterra, que vivió hacia el 1326 pues al parecer la invención de Gerberto, después Silvestre II, papa, no era más que un reloj de sol.

El segundo es el que Santiago Dondis mandó construir en Padua hacia el 1344 y en el cual según refieren se veía el curso del sol y de los planetas. El tercero fue el que había en el Louvre de París mandado traer de Alemania por el rey Carlos V de Francia.

En España, el primer reloj de torre fue el de la catedral de Barcelona llamado seny de les hores, de 1393. El de Sevilla data de 1396.

Relojes de Bolsillo

El primero que imaginó construir un reloj de bolsillo fue Pedro Bell de Nuremberg, en donde les vino por su figura el nombre de huevos de Nuremberg. En 1647, aplicó Huyghens a los relojes de torre o de pared el péndulo cuyo descubrimiento se debe a Galileo. Huyghens dividió la hora en 60 minutos y éstos en 60 segundos. El mismo físico aplicó en 1665 el muelle de espiral a los relojes de bolsillo. En 1647, el ginebrino Gruet, residente en Londres aplicó al reloj la cadenilla de acero que sirve para transmitir el movimiento del tambor al cono sustituyéndola a las cuerdas de vihuela empleadas hasta entonces. Dos años después se inventaron los relojes de repetición.

Los años cuarenta son especialmente importantes para los relojes de pulsera, tanto desde el punto de vista estético, que da preferencia a los relojes elegantes y principalmente, cada vez más ligeros, como por la difusión de algunas complicaciones como el cronógrafo con escalas especiales, los calendarios, los automáticos o los despertadores. Pero en 1940 se inicia en Suiza una serie de aniversarios que se celebrarán con cadencia continua el primer trienio.Suiza es neutral en medio de los vientos de la guerra que, iniciada el 1 de Septiembre de 1939, sacude todo el mundo en los años cuarenta, aunque la neutralidad no significa ausencia de problemas. las exportaciones a los Estados Unidos son dificiles. Terminada la guerra, y con el desarrollo de los decenios siguientes, de los movimientos de cuarzo, las empresas, como veremos, sólo podrán sobrevivir si consiguen adecuarse a la evolución de los nuevos tiempos. Después de la guerra la economía no se recuperó inmediatamente, por lo que las empresas afamadas intentaron nuevos caminos para imponerse en los mercados internacionales. En los años cincuenta se afirman los cronógrafos y los calendarios, pero también hay nuevas patentes. Nacen colecciones que aun hoy están de actualidad y relojes que responden a exigencias especiales.

La gran creatividad de Piaget propuso en los años sesenta relojes con esferas realizadas con piedras preciosas talladas en espesores muy delgados. También los movimientos eran extraplanos para aumentar la elegancia del modelo. En 1923, John Hardwood, un relojero inglés, registró en Suiza la patente de un reloj automático de pulsar, obteniendo el reconocimiento un año después. El documento oficial fue expedido por la Oficina federal de la propiedad intelectual de la Confederación Helvética en Berna. Se dice que Hardwood, que había nacido en 1894 y que por tanto participó como soldado en la gran guerra, empleaba las horas de tranquilidad en el frente para estudiar un mecanismo automático. Una vez licenciado se dedicó muchos años al perfeccionamiento de su invento, pidiendo después la patente. La masa oscilante estaba constituida por un sector circular sujeto por el centro, que giraba sobre un arco de 130 º. En los extremos, dos muelles amortiguaban los choques. El resorte se cargaba utilizando un único sentido de rotación de la masa oscilante. En el sentido opuesto, la carrera era en vacío. Eran necesarios muchísimos movimientos del brazo para que la masa oscilante cargara el resorte lo suficiente para que el reloj continuara funcionando incluso durante el reposos de las horas nocturnas.


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