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10 de marzo de 2010 Diario de Navarra

Algunos de los libros de Galileo Galilei que
pueden verse en el Planetario de Pamplona.
JESÚS GARZARON
Hace 400 años Galileo Galilei dormía mal. Era un profesor de matemáticas en Padua, que había investigado la mecánica y que había visto cosas nunca vistas con un aparato de nuevo cuño que él había perfeccionado: el telescopio. "Entonces ya existía la competitividad entre los científicos para contar los primeros los que habían visto", recordaba ayer en el Planetario Ramón Núñez, director del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología.
Hace 400 años, Galileo estaba a punto de publicar el Sidereus Nuncius,en la que desvelaba que había observado las montañas de la Luna o los satélites de Júpiter. "Hace 400 años coincidieron en los mismos días la publicación de este libro y el Auto de Fe de Logroño. Me congratula que lo que cambió el mundo fuera la publicación", señaló Javier Armentia, director del Planetario.
Uno de los primeros ejemplares del Sidereus Nuncius se puede contemplar en la exposición Galileo y la Astronomía. Hablarán de ti siempre las estrellas,que ayer se inauguró y que permanecerá en el Planetario hasta el 15 de mayo. La muestra sirve de prólogo al Congreso sobre Comunicación Social de la Ciencia, que se abre hoy el Baluarte. Promovida por la Biblioteca de la Accademia Nazionale dei Lince e Corsiniana, sólo recorrerá cuatro ciudades españolas: Valencia, Madrid, Pamplona y La Coruña. "Es una oportunidad magnífica", dijo el consejero de Educación, Alberto Catalán.
En total, reúne más de 40 manuscritos para entender los tiempos en los que nació la ciencia moderna. Allí se pueden encontrar los textos de la Accademia dei Licei, fundada en 1603 y a la que estuvo ligado Galileo, las cartas en las que Giovambattista Della Porta hablaba de su invención del telescopio, y por supuesto textos de Galileo Galilei. Entre otros, se incluye en el que abjuró de sus descubrimientos ante la Inquisición. "Tomó la decisión más sensata, inteligente, práctica y digna: salvarse", argumentó Núñez. "Como científico sabía que las ideas se defienden, no hace falta morir por ellas. La ciencia no necesita mártires".