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27 de noviembre de 2009 Diario de Navarra

Nicolás García Tapia, experto en Jerónimo de Ayanz
y Beaumont. BUXENS
SU vida da para un libro de aventuras, en el que la ciencia, los lances en la batalla, las artes o las intrigas de la Corte se entrelazan a un ritmo vertiginoso. Sin embargo, el navarro Jerónimo de Ayanz y Beaumont (1553-1613) no tiene en su honor ni una calle en la comunidad en la que le vio nacer, a pesar de ser un ilustre inventor y precursor de elementos nada desdeñables como la máquina de vapor o el submarino.
Al rescate de su figura acudió hace años el catedrático de la Universidad de Valladolid Nicolás García Tapia, que el pasado martes impartió una conferencia titulada Jerónimo de Ayanz y Beaumont, un inventor navarro. El lugar no podía ser más apropiado: el centro de I+D en Electrónica y Comunicaciones Jerónimo de Ayanz de la UPNA.
"Es un personaje novelesco totalmente desconocido hasta los años 80 del siglo XX, no se conocía invento ni línea sobre él. Lo descubrí en los archivos y me he enganchado, porque su vida era espléndida y me alegra hablar de él en un centro de alta investigación que lleva su nombre", aseguró el conferenciante de la charla programada en el marco de las Semanas de la Ciencia.
Avatares
Aunque este polifacético navarro destacó por sus variados inventos y experimentos, su vida no tiene desperdicio. Sus orígenes desmienten el tópico del inventor como gente del "vulgo": Jerónimo de Ayanz y Beaumont fue hijo de Carlos de Ayanz, señor de Guenduláin, y de Catalina de Beaumont, y sus ascendientes se remontan a Felipe III El Noble, rey de Navarra, y entroncan en la historia de la nobleza navarra.
A los catorce años se convierte en paje del rey Felipe II, bajo cuyo reinado logró su mayor reconocimiento público. En las crónicas de la época se le describe como un "militar de fuerza descomunal" y combatió en Túnez, Lombardía, Flandes o Las Azores, entre otros puntos conflictivos. Incluso llegó a desmantelar el complot de un ciudadano francés contra Felipe II, "que en cierto modo le debía la vida", apuntó García Tapia.
Gracias a sus méritos militares se convierte en Caballero de la prestigiosa Orden de Calatrava en 1579, y le otorgan las encomiendas de Ballesteros y Abanilla. Contrae matrimonio con Blanca Dávalos Pagán y Aragón, de Murcia; en esta ciudad se asienta, y cuando enviuda se casa en segundas nupcias con su cuñada Luisa.
Los documentos de la época confirman que Jerónimo de Ayanz fue pintor (propuso a Felipe III fundar una Academia de Bellas Artes en Valladolid); "según las crónicas sobresalió en música, ya que tenía una poderosa voz de bajo, y demostró habilidad en los lances de toros a caballo", recordó García Tapia. La pluma de Lope de Vega plasmó su vida aventurera en la comedia Lo que pasa en una tarde.
En 1587, el navarro se convierte en regidor de Murcia, y ocho años más tarde en gobernador de Martos. En esta época comienza su interés por la ciencia y aspectos técnicos como la minería, que se concretarían en futuras aportaciones científicas.
En 1597, Felipe II le nombra administrador general de minas del reino español, y de él dependen las 550 minas registradas en la Península más las de América Latina. "Jerónimo de Ayanz no podía estarse quieto, se tomaba todo muy en serio y por eso visitó la mayoría de las minas españolas y pidió muestras de las americanas para mejorar su producción", expusó García.
Su influencia empieza a mermar un año después, con el fallecimiento de su mentor Felipe II. "Su sucesor, Felipe III, abandona los asuntos en manos de su valido, el duque de Lerma, cuyas ideas no concordaban en absoluto con las de Jerónimo y se convierten en enemigos", afirmó el catedrático. Aunque el navarro termina abandonando su cargo como administrador general de minas en 1604, un año después presenta un exhaustivo informe al monarca con 25 puntos para mejorar la minería española. Entre sus propuestas, novedosas en la época, se encuentra el apoyo a la iniciativa privada, la bajada de impuestos o la simplificación de la legislación sobre las minas. En 1611 creó una compañía para explotar la mina de Guadalcanal, de la que extrajo plata, y falleció dos años después, el 23 de marzo de 1613. Atrás dejaba una vida curtida en mil batallas e intensa en múltiples facetas, que la historia perdió en el camino hasta que Nicolás García Tapia volvió a darle el lustre que se merece.
Jerónimo de Ayanz, tecnólogo incansable